domingo, 11 de octubre de 2009

CAPITULO 42: LA NOTICIA

Edward

- ¿De qué hablas Alice? - pregunté un tanto tullido y lleno de miedo. Esto no podía ser bueno, Alice estaba haciendo todo lo posible para no pensarlo, otra vez era algo tan malo como para que yo no lo supiese de golpe.
- Bella... - dijo y agachó la cabeza.
- Dilo YA Alice Cullen, deja de torturarme, basta de terminar la frase allí.
- Ella está embarazada
- sus palabras chocaron contra mi, como si fuesen mil neófitos golpeandome el pecho. ¿Bella embarazada?, ¿cómo había sido eso posible?
- No puede ser, ¿cómo lo sabes? - pregunté aún fuera de mi.
- Vi a Bella de manera extraña, con una panza fuera de lo común, no pude ver nada más allá de eso. No se porque, pero ese niño que viene en camino no es ni un vampiro, ni un humano.
- Dios mío, tenemos que ir por Bella ahora mismo, tenemos que llevarnos a Carlise.
- corrí hacia Carlisle lo más rápido que pude, le conté la visión de Alice y ambos marchamos junto con Alice y Jasper hacia donde Bella se encontraba con ese maldito licántropo.
Fuimos en auto, así que demoramos aún mas, nadie nos podía ver y la luz del sol por aquellos lados era muy fuerte.
Nos instalamos enfrente de la casa de Bella, mientras mis recuerdos se hacían vivos. Veía su sombra revolotear con las cortinas de la ventana, pero no la veía sola, el cuerpo de un hombre grande y musculoso me estaba matando los celos. Estaba ansioso, quería volver a verla, abrazarla, decirle que la amo y que estos tres días habían sido peor que los cien años de soledad que me aparcaron sin ella, aún sin saber que existiría.
El día se hizo noche y Carlisle dió el primer paso.
- Vamos Edward, tranquilo, yo hablaré con ella, ¿de acuerdo? - preguntó tranquilo, mientras Jasper usaba sus poderes para que el ambiente fuera lo más normal y agradable posible.
- Si, esta bien. Vamos - dije bajo las influencias de ambos. Salimos del auto y tocamos la puerta, estabamos esperando que alguien abriera.
- ¿Quién es? - preguntó esa dulce voz que yo tanto amaba.
- Carlisle Bella, debo hablar contigo.

Bella

Jake estaba de lo más alegre el día de hoy, hablaba como si se hubiese ganado lo más preciado en el mundo para él; aunque sin ser egocéntrica, sabía que eso para él era yo en este momento.
Lo importante, es que no me hacía sentir incómoda, era un caballero, a pesar de sus insistentes burlas, bromas y simpatía desmensurada. De todas maneras, siempre había sido bueno conmigo, metido, pero bueno.
- Bella, te hice arroz con hamburguesas. Espero que te gusten - se había tomado las molestas de cocinar para mi. Mientras mis lágrimas eran para mi el agua de cada día. Estos tres días habían sido terribles; ni rastros de Edward, no me vino a buscar. Eso no era lo que yo esperaba, estaba segura que él vendría por mi, enojado, molesto, triste, no importa como, pero que vendría por mi. Sin embargo, no fué así. Agradecí la desvergonzada idea de Jake de venir conmigo, me hacía bien, me distraía de a momentos y podía aunque sea tener un poco de tranquilidad en medio de esta tormenta.
Alguien tocó la puerta, mientras ponía la mesa.
- Yo voy - grité a Jake quién intentaba sacar el arroz de la hoya sin quemarse.
Caminé lentamente, con miedo, sin saber quién podría ser. Eran las ocho, no era tarde; podrían ser muchas personas, a esta altura todo el mundo sabía en donde yo me encontraba. Pero mis deseos eran los mismos, al fin Edward vendría a buscarme, no sabía como reaccionar ante eso.
- ¿Quién es? - pregunté con una voz tranquila. - Carlisle Bella, debo hablar contigo - ¿Carlisle?, ¿qué hacía aquí?, ¿por qué él? No podía no abrirle la puerta a Carlisle, él siempre había sido tan bueno conmigo, y era tan bueno con el mundo, que era prácticamente imposible decirle que no a alguien. Abrí la puerta para descubrir, no solo a Carlisle, sino a Alice, Jasper y a Edward, parado allí mirándome con cara inexpresiva, pero con los ojos más tristes y preocupados que jamás en mi corta vida había visualizado.
Me preocupé por un momento, no era el único que tenía esa cara. Algo estaba pasando.
- Pasen - dije sabiendo que esto no iba a ser un vaya y pase. Todos pasaron, Alice me abrazó con fuerza, al mismo tiempo que susurró en mi oído, "te extrañé".
- Siento olor a chupasangre - dijo Jake quién salía de la cocina, con la peor cara que pudiese ver en él. Su sonrisa se le borró, la alegría se fue y entendía claramente porque.
- No estamos para chistes chucho - dijo Edward. Aquello no me gustó nada, pero Jake se lo merecía, él había comenzado.
- Bueno, basta de peleas. Digan a que vinieron - fui lo más grosera posible, no podía caer ahora solo porque todos habían venido por mi.
- Bella. En estos días que pasaron, te has sentido rara o algo por el estilo - preguntó Carlisle serio y profesional, estaba siendo médico y no Carlisle en este momento.
- No entiendo, ¿qué me estás preguntando?- En temas de salud, ¿como te has sentido? - me impulsé a contestarle, algo serio estaba pasando.
- Si, me he sentido un tanto extraña. Pero, no creo que sea nada malo, algún dolor de estómago - Edward bajó la cabeza, Alice me miró con lamentos, Jasper intentaba calmar el lugar, lo sentía.
- ¿Qué rayos está pasando? - preguntó Jake, quién estaba tan ansioso y cansado de tanta vuelta como yo.
- Bella, necesito controlarte. Me parece que estás embarazada - mis ojos se abrieron de par en par, no había escuchado aquello, esto no estaba pasando. Era totalmente imposible. NO. En ese instante caí en la inconciencia.
Al despertar, estaba en mi cama, con Edward a mi lado.
- Bella, ¿cómo te sientes?
- Bien, estoy bien.

- Carlisle te revisó Bella, parece que todo es cierto. Vas a tener un bebé - en aquel instante comencé a llorar. No sabía si de felicidad, o de preocupacion. Pero había algo en mi que me decía, que esta bebe iba a ser lo mejor que podía pasarme. Edward prosiguió. - no estamos seguros si sea lo mejor que sigas con este embarazo Bella. Las posibilidades que mueras es alta.
- ¿Qué dices? Yo voy a tener este bebé, me extraña Edward que no quieras al hijo que llevo en mi vientre
- No Bella, no me mal interpretes, es algo nuevo y maravillosos para mi, pero es por tu bien Bella.
- De ninguna manera, si muere el muero yo.
- ¿Estas segura Bella?
- Lo estoy
.

Las semanas fueron pasando, las cosas se fueron complicando. Mi panza crecía, el bebé crecía y me comía por dentro. Bebía sangre.
La cesárea fue la dedición final de Carlisle, no querían que muriese yo, y Edward nunca dejaría que me convirtiese en vampiro.
Nació una hermosa beba, a quién le puse Renessme.
Mis padres no sabían nada, todos creían que me había ido de viaje con Edward, sus padres si que saben encantar a la gente, de otra manera esto no podía ser guardado como un secreto. Por mi parte, pasé el embarazo en la casa de los Cullen, sufriendo, llorando, pero con esa hermosa beba en mis brazos.
Jacob no estaba muy feliz de todo esto, esa bebé sería algo tremendamente irritable para su vida, para la vida que el pretendía construir conmigo, que no pasaría y por tener otro vampirito por aquí. De todas maneras, quedó encantado con la beba, aunque de vez en cuando hablaba sobre nuestros propios bebés, hasta que Edward le daba un par de cascotes.
Edward y yo, supimos llevarnos mejor, todo había pasado, el miedo se había ido, estabamos nuevamente juntos y felices.
Renessme era la niña más bella que jamás había visto, mitad vampiro, mitad humano. Traería alegría, pero también habría problemas; los Volturius mas que nunca querrían que yo me convirtiese en vampiro y no sabía que podían hacer con mi beba. Pero yo haría todo lo posible por protegerla.

CAPITULO 41: DOLOR

EDWARD

- EDWARD EDWARD!! - gritó Alice desde lejos. Mis ojos se abrieron de par en par, no necesitaba decirme nada, lo había leído todo en su mente.
Corrí hacia ella buscando explicaciones, aunque eran las mismas que yo sabía ahora.
- ¿Por qué Alice? - casi le grité, estaba seguro que si ella pudiese llorar lo estaría haciendo. Bella era como su hermana, sentía que lo era mucho más que cualquiera de los otros hermanos.
- No lo se Ed, no lo se. Pero se fué, y...
- ¿Qué, qué pasa?
- le pregunté, había algo que no estaba viendo.
- No se fue sola.
- ¿De qué hablas?, ¿cómo lo sabes, no leí nada en tu mente?
- pregunté un tanto confuso.
- Quise esconderlo, no era bueno que lo supieses así como así tan de prepo.
- Habla de una vez Alice Cullen
- Se fue con Jake
- ahora si que no entendía absolutamente nada. ¿Con Jake?, ¿por qué se habrá ido con él?.
Miré a Alice con furia, celos, estaba muriendo por dentro, esa noticia me había destruido aún sin saber porque ella se había ido y encima con Jacob.
Me fui descontrolado de la casa, corrí por el bosque como si nada más me importase y en menos de un segundo llegué a la casa de Bella.
Charlie estaba allí, algo no estaba bien; ¿Charlie lloraba?. Me acerqué para mirar aún mas de cerca y vi a Charlie sentado en la mesa de la cocina, con una foto de Bella de niña sobre la mesa, mientras que él apoyaba sus codos en la mesa y su cabeza en sus manos, sus lágrimas caían por su mejilla.
Bella te volví a perder, te fuiste otra vez. ¿Cómo decirte que eres mi mundo, mi pequeño mundo? Vuelve por favor vuelve
Sus pensamientos me llenaban de dolor, no sabía porque me sentía así, pero me daba culpa y pena por otro lado; toda la culpa de que Bella haya tomado su rumbo era mía. Yo la había traído a este mundo y ahora ella se había ido, hacieno sufrir a su pobre padre que tanto la amaba, aunque a escondidas, ella lo era todo para el como lo era todo para mi.
Tenía que dejarla tomar su rumbo, las lágrimas de Charlie me dieron el impulso final para decidir que debería dejarla ir, si ella lo había decidido así nada podía hacer.
Volvía a mi casa, con la cabeza gacha, corriendo demasiado lento para lo que me gustaba y pretendía hacer.
Al llegar toda mi familia se encontraba charlando sobre Bella, sobre mi y como podían traerla de vuelta a casa.
Me miraron al entrar, callaron inmediatamente, Esme se intentó acercar a mi, pero en un segundo ya estaba en mi cuarto, necesitaba mi soledad, la misma que tuve por tantos años; la única diferencia era que esta vez tenía al amor de mi vida o mejor dicho mi no vida en este mundo. Ella estaba allí, tan cerca, pero tan lejos de mi.
No podía convivir sabiendo que no estaría mas a mi lado, pero no podía tampoco estar a su lado si todo salía mal y la hacía sufrir. Era la mejor decisión.
Tres días pasaron, tres noches pasaron; esas noches que eran interminables cuando eres un inmortal; y aún mas cuando sabes que el amor de tu existencia no esta a tu lado.
- Edward - tocó Alice a mi puerta.
- Dejame en paz
- Hace tres días que estas allí encerrado, sal de una vez. Debo hablar contigo, es importante.
- No Alice, no caeré y tampoco quiero salir.
- Edward, de verdad es importante. Tuve una visión y es necesario que salgas
- su voz sonaba desesperada, verdaderamente algo estaba pasando. "Bella", fue lo único que logré pensar. Corrí hacia la puerta, la abrí y la miré, sus ojos eran incalculables.
No sabía si era por alegría o por dolor, era una mezcla.
- Bella... - dijo y calló como arrepintiendose de algo.
- ¿Qué pasa con ella?
- Esta bien, no te alteres. Pero hay algo que debes de saber que cambiará todo para ella y para ti.

CAPITULO 40: MI PARTIDA

"Bella no. No lo hagas te lo pido por lo que mas quieras, no me dejes - gritaba Edward desde lejos, no se acercaba a mi a pesar de que quería con todas sus fuerzas tomarme entre sus brazos para que me quedara con él. Sentía que quería correr hacia mi pero no podía, mientras yo me iba, caminaba despacio hacia mi camioneta la que tenía mis bolsos y todo pronto para marcharme. De mis ojos caían lágrimas, demasiadas lágrimas, tantas que llegaban al punto de molestar."
Me desperté de un golpe, mientras veía a Edward enfrente de mi intentando despertarme.
-Bella, Bella cariño despierta - gritaba deseperado.
- ¿Qué pasa? - pregunté un tanto confusa por tanta locura de su parte.
- Estabas llorando desesperadamente, creí que te iba a pasar algo. ¿Qué ocurre mi amor? - lo miré un tanto molesta, el sabía lo que pasaba.
- Lo sabes Edward. ¿Cómo está Kevin?
- Él está bien, lo llevamos a lo de Tanya y su familia; es el mejor lugar para que él esté en este momento. Él más seguro y confiable para él.
- Dios mio
- dije mientras bajaba la cabeza y me lamentaba por todo lo que estaba pasando. Cada vez estaba más segura de lo que pretendía hacer y ese sueño era el límite - ¿le dijeron a los padres lo que pensaban decirle? - me miró triste.
- ¿Cómo están? Me imagino que quieren morir - no supo decirme nada, solo asintió con la cabeza. Era inevitable, para sus padres Kevin estaba desaparecido y en todo caso creían que muerto.
- ¿Qué estabas soñando? - me preguntó para cambiar de tema, pero lleno de curiosidad.
-No lo se. Me levanté con nostalgia, pero no se que soñaba - le daba gracias a mi mente, de que Edward no pudiese leerla, en momentos como este me salvaba.
Aunque no me creyó nada, de todas maneras no me presionó.
Me llevó hasta mi casa para que pudiese tener mi vida humana, aunque fuese por un rato. Me dejó sola porque tenía que ir a hablar con su familia; ideal para lo que pretendía hacer.
Me bañé, armé un bolso y esperé a que Charlie viniera, no demoraría mucho.
- Bella, cariño. ¿Qué pasa? - preguntó al verme con los ojos llorosos y mis valijas a un costado.
- Me voy - sus ojos se abrieron par en par, no lloraba, su "hombría" se lo impedía, pero sabía que por dentro se estaba muriendo. A pesar de la poca comunicación, yo sabía que para él era su vida.
- ¿Qué hice? - preguntó con un nudo en la garganta.
- Nada papá; mi madre me pidió que fuera un tiempo con ella, me necesita. Tu sabes que estoy muy feliz aquí, no solo por Edward, sino por ti - solo se acercó a mi y me dió un abrazo que nunca hubiese esperado de él, me llenó de tranquilidad. Por lo menos, sabía que con Charlie las cosas no iban a estar mal, que el me amaba y yo a él.
Tomé mis bolsos y comencé a pensar en cualquier cosa que en mi partida, no quería que Alice pudiese leer lo que iba a hacer y que Edward me parase. No sabía si estaba haciendo las cosas bien, pero tampoco estaba segura de hacer mal, solo tenía que probar para saber como las cosas iban a marchar. No estaba segura de irme por siempre, pero no quería hacer más daño a nadie más.
Me subí a mi camioneta, la cual en este momento si me molestaba su zumbido insesante gracias al motor; puse un poco de música de esa que me hiciera recordar más a Edward y me hiciese peor, en momentos como esto el mazoquismo es la dosis básica para estar mejor. Vaya ironía.
De pronto sentí un golpe en el auto que me asustó, solo pensé "Edward no", creí que se había dado cuenta de todo y venía por mi.
Me sentía aliviada pero a la vez molesta por ello, pero al mirar hacia atrás solo tenía a Jake con una cara de perro mojado e inocente; se acercó hacia el lado del acompañante abrió la puerta y al entrar se convirtió en menos de un segundo en humano, aún me impresionaba.
- ¿Qué se supone que haces Isabella Swan? - me preguntó muy molesto, no lo había visto así nunca conmigo.
- Me voy Jake y no pienso dar marcha atrás - inenté sonar lo más dura posible.
- De acuerdo, iré contigo - me dijo muy seguro mientras se arreglaba al asiento y se ponía el cinturón de seguridad. Intenté mirarlo lo mas fijo posible mientras manejaba.
- Estas desquiciado perro. No irás a ningún lado conmigo.
- Si yo no voy, tu tampoco irás a ningún lado. Decide.
- Jacob, baja ya de este auto.
- No.
- JACOB
- Dije que no y es no. Decide
- parecía un niño chico intentando pelear conmigo, sabía que no se iba a bajar aunque le dijera lo más doloroso. Siempre encontraba la manera de reír y quedarse, sabiendo que era una simple forma de que se fuera.
- De acuerdo, ven conmigo. Pero no molestes.
- Dejame manejar
- Ni lo sueñes
- No puedes manejar así
- Calla
- me tomó rápidamente por debajo de los brazos y me sentó en el lado del acompañante, mientras él orgulloso se sentaba en el lado del conductor. No entendí ni en que momento se sacó y me puso a mi el cinturón de seguridad.
- Eres insoportable Jake
- Pero me adoras
- dijo con una sonrisa en la cara. Como podía ser que siempre fuese así - ¿a dónde iremos pequeña humana desquiciada?
- A mi casa en Arizona. Ya llamé a mi madre para decirle que me iba, pero que ella no fuera, que necesitaba estar un tiempo sola. Aunque veo que eso no va a ser posible
- lo miré un tanto molesta todavía, pero aliviada de que el estuviera conmigo.
Marchamos hacia mi casa, no sabía como iba a ser todo de ahora en adelante, ni como Edward iba a reaccionar, ahora solo tenía que pensar en que las cosas mejorasen.

CAPITULO 39: CERCA DE MI FINAL

No sabía para donde correr, no entendía nada. Estaba segura que sus colmillos no llegarían a mi, toda la familia estaba encima mío, mientras Edward intentaba pararlo.
Alice me tomó de un brazo y me llevó corriendo hacia fuera, me subió al auto de apuro mientras Jasper de un solo golpe cerraba la puerta y se ponía delante junto a su amada.
- ¿Qué pasa? - pregunté aún sabiendo que era lo que pasaba.
- Kevin, esta transformado, vino a buscarte pensando que podría controlarse, pero claramente no.
- ¿Cómo no lo pararon antes?
- Ya sabes Bella, los neófitos son mucho más fuertes y rápidos que los vampiros más antiguos. No tienen control de sus emociones, ni pensamientos; pero si pueden ganarnos en ese sentido a nosotros.
- Es verdad
- susurré - ¿Edward estará bien?
- Si, ellos podrán pararlo. Pero necesitamos llevarte a un lugar seguro
- me miré para darme cuenta que aún estaba en toalla, aunque eso era lo de menos y más sabiendo que tenía a Alice junto a mi. Jamás dejaría que estuviese mal vestida - aunque no le hiciese caso - y menos que menos desnuda.
- Bella, iremos a casa a que te vistas - la miré extrañada, a veces me hacía creer que también podía leer mentes - ¿de acuerdo?
- Si - dije. Al llegar a su casa, me dió un vestido verde oscuro, con unas sandalias de "madera" y me arregló el pelo
- Alice no vamos a ir a bailar ni nada por el estilo, me podré una coleta, no es necesario que me arregles tanto.
- Bella, sabes que no podrás conmigo. No es necesario arreglarse para nadie, ni para nada; es para que tu estés bien puesta. Mientras estés a mi cargo, las cosas serán así.
- ¿Mientras qué esté a tu cargo?
- pregunté un tato curiosa.
- Si Bella, Edward y los demás deberán llevar a Kevin a algún lugar para que se recupere, no puede estar cerca de ningún humano y menos de ti.
- ¿Qué les dirán a los padres?
- Bella, lamento decirte esto, pero ellos deberán creer que murió o desapareció por un tiempo. Por lo menos mientra que él no pueda pensar claramente, luego tomará él la decisión de que hacer. Aunque no tiene muchas opciones, tú lo sabes
- aquello fue como un puñal. No podía creer que el tonto Kevin había dado su vida para salvarme, convirtiendose en vampiro y todavía eso haría que la familia de Kevin se desmoronara de dolor - tranquila Bella, todo estará mejor.
- ¿Cómo Alice?, ¿cómo todo puede estar mejor?, solo hago daño. Es lo único que se hacer, aunque no lo quiera, pasa. Esto no puede ser así.
- ¿Qué quieres decir?
- preguntó Jasper, quien estaba intentando que me calmase.
- Ya lo sabrán. Gracias Jasper por calmarme, pero esto no cambiará mi decisión.
- Bella, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir - Jasper sonaba contunente, pero preocupado.
- No te preocupes - le dije y me fui al cuarto de Edward. Necesitaba estar sola y ellos lo entendieron. Me recosté en su sillón, mientras puse un poco de Debussy, esa canción que me hacía acordar tanto a él "Claro de Luna", mientras intentaba pensar como las cosas podrían llegar a estar en su sitio, como podía hacer las cosas para que todo fuese mejor. Tenía miedo, estaba muerta de miedo. Pero no podía seguir todo así, algo tenía que hacer.

CAPITULO 38: NEOFITO Y AMOR

KEVIN

No entendía que me estaba pasando, algo en mi cuerpo me estaba pidiendo a gritos morir, pero otra parte me estaba pidiendo vivir. Era una mezcla entre el dolor y el maravilloso rostro de Bella; era ella por quién yo podía ver el mundo de una manera más positiva.
Mi cuerpo se estaba convirtiendo en algo que no era yo, en algo más allá, sabía que iba a ser un vampiro, eso no me daba miedo, quizás de esa manera podría conquistar a Bella o por lo menos vivir con ella todo el tiempo que sea suficiente para verla feliz.
La amaba, ahora estaba más seguro que nunca, el cambio que estaba teniendo, me hacía ver las formas de una manera diferente, con más tranquilidad, menos ansiedad, mi cabeza estaba funcionando a mil y ahora sabía que ella era el amor de mi vida, aunque yo no fuese lo mismo para ella; pero la cuidaría, nada importaba; ni Edward, ni Jake, ni ningún otro chiquillo humano tonto que anduviese por ahi intentando conquistarla. Nada importaba ya.
Comencé a respirar de otra manera, ya no sentía mi corazón latir, ya nada tenía el mismo sentido; volví en mi suavemente mientras miraba hacia todos los costados, allí estaban Carlisle y Esme mirandome asombrados, mientras escuchaba como llamaban a sus hijos suavemente, tanto que un humano no pudiese escucharlos, pero ahora yo si.
En menos de un milisegundo llegaron Alice, Jasper, Emmett y Rosalie.
- ¿Bella? - fue lo único que pude decir; al nombrarla un dolor en la garganta, rasposo y doloroso se cruzó rápidamente; pegué un pequeño alarido mientras Carlisle traía en su mano un vaso lleno de sangre.
La tomé sin pensarlo, de inmediato el dolor cesó, pero aún faltaba algo, era sangre de animal, no era de humano; esto no iba a estar nada divertido sabiendo que Bella era humana y podría lastimarla.
Ahora si que comenzaba a pensar de una manera menos convincente y lleno de miedo, pero de sed.

BELLA

- Edward, Kevin debe de haber despertado a estas horas, ¿cómo estará?
- No lo se, pero toda mi familia esta con él y principalmente Carlise, sabes que el podrá ayudarlo
- dijo Edward quien aún se encontraba a mi lado en su forma vampirezca desnuda y hermosa. Charlie no volvería en todo el día y Edward no me dejaría sola, tenía miedo de que a Kevin se le diese por escapar, venir a verme; todo terminaría mal siendo un neófito.
- Lo se. Aún me siento mal por todo lo que le pasa, es mi culpa y lo sabes.
- No lo es Bella, no es tu culpa. El se tiró a salvarte y bueno.
- Si no lo hacía, yo sería vampiro ahora.
- Lo se, y se lo agradezco de por vida, o de por muerte por decirlo de una manera más exacta
- su voz sonaba melancólica, no entendía cual era mi opción ante todo esto, algo no iba a estar bien si seguía insitiendo con no convertirme en vampiro, yo quería e iba a pasar - de todo modos no quiero hablar sobre eso otra vez Bella. Vamos a desayunar, ve a bañarte y yo te preparo algo pequeña humana caprichosa - intentó ser lo más dulce posible, mientras yo por dentro quería discutir el tema, lo respeté aunque no se iba a quedar así.
- Si señor - me limité a decirle, mientras tomaba ni neceser y marchaba a tener mi momento humano.
Me bañé mientras pensaba en lo terrible que sería para mi ver a Kevin, o de lo terrible que sería para Kevin verme a mi o a cualquier otro humano.
Tenía miedo, tenía la sensación de que algo no estaba bien, ni lo iba a estar.
Un ruido en mi cuarto me lo hizo saber, salté descontrolada, salí de la ducha, me puse la toalla y salí a la busqueda de mi amado vampiro y de aquel ruido aterrador que me hizo estremecer.
Al entrar a mi cuarto, Edward se encontraba junto a la pared con Kevin en sus brazos y toda su familia alrededor, intentando calmar las ansias de aquel nuevo y viejo neófito, quien había sido alguna vez mi amigo y ahora me miraba con ganas de mi sangre y de mi vida.

CAPITULO 37: ESOS MOMENTOS

Nada tenía sentido, Kevin ahora se estaba convirtiendo en un vampiro en el cuarto contiguo al del Edward donde yo me encontraba.
Sus gritos se escuchaban gritos incesantes, tanto que me daba miedo; miedo y culpa, sentía que algo tenía que hacer por él, pero sabía que era muy tarde.
Solo había pasado dos días desde que lo mordieron, pero estaba segura que habían pasado meses, era todo tan eterno y yo estaba llena de miedo por lo que Kevin podría hacer.
Edward me quería llevar a toda costa a mi casa, a pesar de que yo me negué, me hizo prometerle que hoy me llevaría; no era seguro para mi quedarme en el momento en el que Kevin se despertase, sería un neófito y yo a pesar del amor que me tenía aún seguiría siendo una simple humana.
- Mi amor, ten calma, todo estará bien.
- Sabes que no Edward, Kevin se convertirá en un vampiro y todo por mi maldita culpa.
- No es tu culpa cariño
- su no desesperación me estaba acuchillando por la espalda.
- Basta Edward. Sabes que si, yo lo metí en esto y el intentó salvarme, sino fuese por él quién estaría convirtiendose en vampiro sería yo y lo peor de todo es que no me ayudó, sino que quitó de mi uno de esos momentos que yo quería que pasasen - los ojos de Edward se abrieron como platos.
- ¿De qué hablas Bella? - claro que sabía de que hablaba, no le convenía saberlo, porque no quería de ninguna manera que yo fuese un vampiro.
- Sabes de que Edward, yo quiero convertirme. Quiero vivir mi vida contigo, sabes que no me interesa nada más.
- Calla Isabella Swan, calla. No quiero que lo digas ni en broma.
- No es una broma, es lo que quiero y es lo que va a pasar Edward
- en menos de un segundo me descubrí sola en el cuarto. Se había enojado y se había ido tan rápido como pudo. Me levanté tranquilamente, y caminé hacia la puerta. Alice intentó hablarme pero no le presté antención, se dió cuenta de mis pocas ganas y me dejó marchar. Tomé mi furgoneta, la cual Edward había dejado aparcada sutilmente en el garage luego de todo lo que había pasado, me subí y me fui tranquilamente a mi casa. No podía soportar que Edward se enojara conmigo por querer ser lo que él, para poder estar juntos por siempre. A pesar de que eso quisiera decir que me convirtiese en lo que el no quería que yo fuese; pero mi única meta ahora era estar junto con él y que todos a mi alrededor pudiesen ser felices también.
Llegué a mi casa y como de costumbre Charlie no estaba, tomé una cuenca de cereales y subí a cambiarme e intentar descansar un poco; me iba a esparar algo bastante importante y difícil cuando Kevin se terminara de convertir. Según Edward, a pesar de estar en un estado fuera de él, vendría a buscar me por el simple hecho de amarme.
Eso me traía un tanto de miedo y otro de preocupación, no solo por mi, sino por él mismo; Edward jamás permitiría que se me acercase y si lo hiciese de seguro lo mataría, eso no me hacía nada feliz.
No solo había terminado siendo un vampiro por mi culpa sino que cabía la posibilidad de que su vida o no vida, terminara por mi culpa también.
- Bella - me asusté y di una vuelta rápida. Me pegué contra la cama y hubiese caido al suelo, sino tuviese como novio a un bello y rápido vampiro.
- Bella - me asusté y di una vuelta rápida. Me pegué contra la cama y hubiese caido al suelo, sino tuviese como novio a un bello y rápido vampiro - ¿te encuentras bien? - preguntó sinceramente preocupado.
- Si - me dejó nuevamente en el suelo seguro y se alejó un tanto.
- Lamento haberme ido así hoy, realmente me causa mucho dolor escuchar que quieres convertirte en un moustro como yo - aquello me dolió en el alma. Me acerqué lentamente a él, lo tomé de la mano y lo besé tan tiernamente como pude.
Me miró con mucho amor luego de terminar el beso dado por mi, me acarició el rostro y me tiró en la cama con mucha dulzcura y seducción.
Y en aquel momento Edward me hizo el amor como nunca antes me lo había hecho y de una manera en la cual yo sentí que me amaba como nunca antes, eso me hacía sentir segura a pesar de todo lo que estaba pasando.

CAPITULO 36: TODO QUE PERDER

No podía creer lo que estaba viendo, aquellos dientes punzantes y tremendamente terrorificos a pesar de estar en la boca de una físicamente dulce y tierna niña, se estaban clavando lentamente en el cuello de Kevin.
Eso o lo mataría o lo convertiría en un vampiro, y claro, como no podía ser de otra manera, todo era mi culpa.
Alguien detuvo a Jane con un gran golpe en la espalda, y salió volando por los aires de una manera totalmente bestial.
Me asusté, no podía moverme, pero me arrastré hasta Kevin que ahora estaba solo, lo miré a los ojos, aquellos ojos ya no eran los mismos, Kevin estaba entrance, no gritaba, a penas podía respirar; debería ser parte del proceso de conversión. No sabía que hacer, tenía ganas de saltarle en el cuello y chupar el veneno, pero no sabía que consecuencias traería para él y si podía salvarlo verdaderamente.
Me largué a llorar de manera desmedida, a penas podía ver a mi alrededor por culpa de mis lágrimas, a penas podía escuchar lo que estaba pasando por mi aturdimiento, tenía miedo de desmayarme. Ya era moneda corriente eso en mi y no me sorprendería si pasase, aunque si me daría demasiada bronca porque solo sería otro problema más en todo este asunto.
- Bella, cariño. Ven, apartate - miré a Edward, quién estaba tranquilo, demasiado como para estar en el medio de una pelea - todo terminó. Ellos se fueron - ¿se fueron?, no entendía. ¿Se habían rendido? - pero van a volver, tenemos que irnos lo más pronto posible, tenemos que esconderte Bella. Solo se fueron para tapar un mejor ataque que este. Vamos.
- Pero Kevin, KEVIN... EDWARD. No quiero que se convierta, por favor, haz algo. Carlisle, Carlisle
- mi voz sonaba cada vez más desesperada y solo podía gritar balbuceando.
- Ahi viene, ven Bella. Necesito llevarte, todo estará mejor - me tomó por debajo sin mi consentimiento y volví a estar en el aire a un millón de kilómetros por hora, ya no sabía a cuanto podría ir de rápido estos vampiros. Cerré los ojos, no quería volver a sentirme mal, esta vez era con Edward, el se ocuparía de mi para que no cayera.
Llegamos a mi casa, Charlie estaba trabajando aún, tomó algunas cosas necesarias y las tiró en un bolso rápidamente, y volvió a tomarme en brazos para ir a su casa.
- Edward, ¿qué es lo que pasara?, ¿cómo reaccionará Kevin con todo esto?, ¿se convertirá en un vampiro?
- No lo se cariño, Carlisle está con él, sabrá que hacer. Necesito que descances, te necesito enterita y bien mi amor, para poder llevar esto de una mejor manera. ¿Me lo prometes?
- lo miré con la mejor cara de "Si", aunque por dentro yo sabía que algo no estaba bien, que algo había cambiado.
Me acosté, a pesar de mis no ganas de dormir y todos mis pensamientos, el cansancio pudo más y me dormí lo suficientemente rápido como para no recordarlo.
Al despertar, Edward estaba a mi lado.
- ¿Qué pasó con Kevin?
- Carlisle no pudo hacer nada cariño, el se esta convirtiendo.
- Oh, Dios santo
- mis nervios se volvieron a poner a flor de piel, no podía creer lo que estaba pasando, ni yo era la misma, ni Kevin era el mismo. Solo tenía una cosa en claro: yo era un peligro para todo el mundo, se estaba yendo todo fuera de control y algo tenía que hacer para que todo acabase.