jueves, 23 de julio de 2009

By Edward CAPITULO XXVIII: KEVIN

Mis ojos se deleitaban con su piel desnuda, piel que se iluminaba por si misma. Amaba cuando dormía, sentir su calor en mi cuerpo, su quietud en mis manos y que fuese mi nombre el que sonara en las noches, gracias a algún que otro sueño.
A pesar de que esta vez durmió tranquilamente; era mágico todo lo que había pasado entre los dos, sentirme en ella, pensar en ella, respirar el mismo aire. Era todo demasiado para mi, una mezcla de sabores, olores dulces y mezquinos que me hacían tiritar irónicamente.
- ¿Edward? - dijo. Creí que dormía, pero cuando volteé sus ojos marrones sorprendemente hermosos me miraban directamente, un atizbo de felicidad se puso en mi boca y sonreí como nunca antes en mi existencia.
- Si mi amor, estoy aquí a tu lado. Como siempre. ¿Cómo te sientes?
- Demasiado bien a decir verdad
- volví a sonreír aún más al escuchar aquello. Sus mejillas se sonrojaron de una forma espectacular - te amo - mi sonrisa se desvaneció para convertirse en dulzura. No podía ser más perfecto el momento.
- Te amo Bella - su cuerpo se movió y se acercó a mi boca para besarme con ternura y pasión.
Sus manos se movieron hacia mi cintura y me llevó hacia ella dejando nada de espacio uno con el otro.
Paró un segundo para mirarme a los ojos y ver como estaba reaccionando yo; asentí amablemente, volvió a besarme y la pasión de la noche anterior llenó nuevamente el cuarto.

- Edward - llamó Bella antes que me fuera por la ventana a cambiarme así podríamos ir a la escuela - ¿cómo le explico a mi padre lo de la cama y la sábana? - preguntó un tanto chistosa sosteniendo una de las sábanas que había destrozado entre la noche anterior y hace menos de unos minutos. No me había percatado de que el daño fuese tanto. Si me hubiese podido sonrojar, le hubiera ganado a Bella.
- Yo lo arreglaré antes de que lo vea tu padre cariño, no te preocupes - salté por la ventana antes de que me diera un ataque a mi corazón no latiente por lo que había pasado, dispuesto a no solo cambiarme sino buscar sábanas nuevas y una cama.
Pero todo no podía ser color rosa.
- ¿Cómo...cómo? - escuché detrás de mi. Quedé un poco atolondrado, al no apreciarlo antes, quizás mi mórbido momento con Bella y la cama me hubiese dejado escapar esta. Observé hacia atrás y allí estaba Kevin, observándome con ojos más grandes que los de un plato.
- Kevin. ¿Qué haces aquí? - dije furioso pensando solamente en que había venido a ver a Bella, aunque era mucho peor lo que estaba viendo, que lo que pudiese llegar a querer con Bella. ¿Cómo explicarle lo que había visto?
- BELLA...BELLA!!! - comenzó a gritar como loco. En un minuto tenía a Bella parada entre nosotros dos.
- ¿Qué pasó? - dijo desesperada, sin saber que hacer.
- Él...se tiró..su rapidés...que... - no podía decir una sola palabra coherente. Claro que era lógico que no pudiese, acababa de ver a un "hombre" tirarse por una ventana y correr un poco demás rápido hacia el bosque.
- Tranquilo Kevin - intentó apaciguarlo Bella - habla calmado, ¿qué intentas decirme? - Kevin corrió hacia ella y se interpuso entre los dos.
- No te le acerques, ni lo pienses. No me importa lo que eres, yo no permitiré que le hagas daño - mis ojos se abrieron de par en par al igual que los de Bella.
- No le haré daño, ¿de qué hablas? - intenté ser lo más sincero y tranquilo posible. Tenía que superponer el secreto antes que los celos.
- Te vi. Vi lo que hiciste, soy escéptico, pero no idiota.
- No se de que hablas. No veo que mal hay en bajar por la ventana de mi novia. No entiendo que haces tu, en la casa de mi novia
- mis vueltas siempre daban resultado, aunque con él no estaban funcionando. "Maldito, te mataré si le haces daño", era todo lo que él pensaba. No me estaba creyendo ni una sola palabra, y su mente no me ayudaba.
- Kevin, tranquilo...todo está bien. No me hará daño - dijo Bella tomándolo de la cintura e intentando darlo vuelta hacia ella - es Edward, mi novio. Solo se fue de casa a lo Romeo, cosas de románticos - sonrió lo más tranquilamente posible como si todo estuviese bien.
- No Bella, no hagas eso - gritó confundido y furioso - yo se lo que vi. No me van a engañar. ¿Qué pasa aquí?[/b] - preguntó ahora separándose de Bella, dándose cuenta de que ella sabía todo.
- Nada Kevin, no entiendo lo que estás diciendo - me miró una vez más a mi y luego a Bella. Luego corrió rápidamente hacia su auto y se fué.
Bella y yo nos quedámos mirándonos, no sabía si seguirlo o no.
- ¿Qué haremos Edward? - preguntó entre llanto.
- Tranquila cariño hablaremos con Carlisle, el sabrá que hacer.

By Bella CAPITULO XVII: PASIONALMENTE AMOR

Tomó mis manos y me subió en él si ningún tipo de esfuerzos y sin lastimarme en lo más mínimo. Mi cuerpo se estremeció durante un minuto mientras su boca tocaba la mía y mis manos tomaban su pelo suavemente.
Así pasaron minutos antes de que me tirase en la cama, entre un "Te Amo Edward" susurrado cuando me miraba a los ojos profundamente y sus latidos innecesarios se aceleraron al compás de mi respiración.
Tomó mi cintura desde abajo y me apretó más hacia él para tenerme lo más cerca posible de su cuerpo, su boca recorrió cada punta de mi cuello, y su lengua se posó en mi piel hasta hacerme enloquecer.
Mis piernas se abrieron al mismo tiempo que se acomodaba en el espacio libre entre él y yo; sus movimientos precipitados eran mágicos y excitantes.
Por un segundo más paró tiernamente, me miró a los ojos nuevamente, su mano tomó mi rostro y su dedo pulgar mi labio inferior, lo bajo suavemente y me miró de una forma seductora; se mordió los labios, algo tan humano que me tomó por sorpresa; luego se acercó a mi boca aún con el labio puesto de esa manera y me besó salvajemente.
Su lengua se abalanzó sobre la mía mientras se golpeaban pasionalmente y alocadamente.
Sus manos tocaron mi piel desgarradoramente, parecía que hasta nuestros cuerpos molestaban y quería arrancar todo lo que estorbase, aquello solo me estremeció.
Pero aún quedaba la ropa.
Mi mano se sumergió dentro de su camisa mientras daba grandes círculos en su espalda, y él hacía lo mismo en mi remera, solo que sus deseos fueron órdenes, y me la quitó amablemente pero apasionadamente, para luego sacar mi brasier. Mis pechos quedaron al descubierto señalándolo directamente, anhelando su boca.
Luego le quité su camisa mientras me ponía encima de él, esta vez en un solo intento.
Su pantalón fue fácil de sacar gracias a su maravillosa rapidez para quitarse los zapatos. Todo era fácil pero mágicamente complejo a la vez.
Se levantó de golpe, tanto que me asusté por un momento pero luego reí; nos quedamos parados nuevamente, me quitó el vaquero y los zapatos rápidamente y quedamos los dos con las mismas prendas.
Miró desde una pequeña distancia todo mi cuerpo, aquello no me avergonzó ni un segundo, estaba en confianza, me sentía en confianza; Edward hacía que yo me sintiese hermosa y seductora.
¿Cómo no sentirse así, cuando el vampiro más hermoso del mundo está enamorado de ti y te desea más que a nada?
Me tiré sobre él, no se movió ni un solo paso, me tomó por debajo y me volvió a subir una vez más a él, nos besamos un largo rato, para luego tirarme en la cama nuevamente.
Mis manos tocaron cada parte de su piel, las suyas rozaron todo lo que había en mí, nuestros cuerpos molestaban. Nos quitamos lo último que quedaba de nuestro pudor, para luego ponerse la protección y me penetró de una forma cálida y verdadera. Sentí que el cielo se me venía encima, sus movimientos eran angelicales, suaves pero ardientes.
Entre penetración y penetración, un par de gemidos se salieron de mi, aquel hermoso vampiro estaba con el rostro apretado, sus facciones eran humanas e inocentes.
Nuestros cuerpos se volvieron uno, nuestro sudor aclamaba pasión y nuestros corazones amor; nada podía mejorar este momento, nada podía hacer que yo desease algo o alguien más. Me sentía suya y lo sentía mío, para siempre.

By Edward CAPITULO XVII: EL DON

No podía esconder lo que sentí cuando vi a través de los ojos de Kevin, hubiese sido todo más fácil si la hubiese besado, pero su atenta caballerosidad y sus pensamientos tan cordiales, me hicieron enfurecer aún más.
Era demasiado para mi ver a Bella dispuesta a besarlo, a pesar de que su estado etílico no era bueno, de todas maneras no era una excusa. Pero yo sabía que estaba furiosa y era un tanto torpe; la amaba demasiado y podía llegar a comprenderlo.
Aunque siempre presentí y ahora estaba seguro que este chico no era como los demás; tenía una seria sensación sobre eso y tenía que hablarlo con Carlisle.
- Necesito consultarte algo - le avisé a regañadientes mientras estaba recostado en el sillón con Esme, leyendo un poco mientras ella escribía.
- Claro hijo, ven, vamos a mi despacho - el lugar se tensionó un poco, a pesar de eso Carlisle usaba todas sus armas para que haya tranquilidad, a veces llegaba a sospechar que tenía un don un tanto parecido al de Jasper – ¿qué pasa Edward? - preguntó con aquella voz tan dulce y paternal que no podía dejar de transmitirme desde el primer día, al igual que Esme.
- Tengo una extraña sensación Carlisle.
- ¿Sobre que?
- Sobre Kevin, siento que algo no está bien.
- Celos se llama Edward – dijo un tanto sonriente
- No, no son celos...bueno - lo pensé por un segundo – un poco también. Pero no hablo de eso, sino que siento que tiene algún tipo de poder - se quedó pensativo por un momento, se dió cuenta al instante de que estaba hablando.
- ¿Qué sentiste? ¿Qué poder?
- No lo se. Tiene algo extraño en si, un poder de impulso, convicción demasiado potente. Es extraño.
- Lo entiendo. Puede ser Edward, al igual que Bella, que es imposible que entres en su mente, el puede tener algún tipo de poder. ¿Lo está usando con Bella?
- Inconcientemente si, es por eso que te lo planteo.
- Es posible Edward, intenta leer su mente y mantenme al tanto. Ya sabes - asentí con la cabeza y me fui hacia donde Bella.
Me había sacado una duda; ahora solo quería estar con ella, no podía dejar que nada nos separara.
- Bella - dije mientras ella leí algo que debería de ser para la escuela, sentada en la silla de su escritorio.
- Edward - me miró con una sonrisa en los labios y sus grandes ojos marrones que tanto amaba me estaban llevando a la perdición. Se levantó de un golpe y se acercó a mi torpemente, la atrapé en mis brazos en un irónico y cálido abrazo – te extrañe, creí que no volverías hoy, creí que estabas enojado - dijo melancólica. La separé de mi un instante y volví a mirarla a aquellos adorables ojos.
- Nunca te dejaré Bella. Todo esta bien, yo te amo. No temas yo te cuidaré.
- Y yo a ti Edward, disculpa mi torpeza. Soy una maldita humana sin sentido, solo se equivocarme.
- No me importa, siempre serás mi hermosa Bella, pase lo que pase - cerramos aquel momento con un beso apasionado. Tomé sus manos y la subí a mi; no pensaba dejarla ir a ningún lado.
Nos besamos alocadamente durante varios minutos en esa misma posición, así podía estar por horas, nunca me iba a acalambrar ni cansar. A pesar de eso fui caminando lentamente, a paso humano, hacia la cama de Bella. Antes de tirarla en la cama suavemente, la miré a los ojos “Te Amo Edward”, me dijo y aquello solo acrecentó mi pasión, mis deseos de tenerla entre mis brazos, de tenerla en mi, de que fuésemos uno en ese mismo instante.

lunes, 13 de julio de 2009

CAPITULO XXV: MAL MOMENTO

Me besó la mejilla suavemente, y me acarició con su índice mi labio inferior.

Se paró y corrió todas las cobijas de la cama, volvió hacia mí, me tomó por debajo, y me depositó en ella con mucha suavidad, para luego taparme.

- Descansa Bella – dijo mientras besaba mi frente dulcemente y se iba. Quería pedirle que se quedara conmigo, pero sabía que era tentar a mi suerte.

Me sentía verdaderamente mal, iba a dejar que Kevin me besase, lo iba a hacer por enfado, iba a cometer un error.

Pero mis pensamientos se fueron a varios momentos hacia la actitud de Kevin, otro me hubiese besado aprovechando la situación, y no lo hizo, me respetó. Aquello había movido alguna parte de mi que aún no sabía cual era, me asusté, temí por mi seguridad mental y me di vuelta para intentar descansar un poco, pero no lo logré.

Me levanté como pude, caminé paso por paso hacia al baño que descubrí dentro de la habitación. Tropecé un par de veces, pero al fin llegué; me lavé la cara lo mejor que pude para luego vomitar un par de veces. A pesar de lo asqueroso y patético del asunto, me sentí mucho mejor. Tomé la pasta de dientes y me metí un poco para poder enjuagarme, y sacarme el mal sabor.

Me lavé nuevamente la cara y marché hacia la cama, podía ir más derecha y mis pensamientos eran mucho más sólidos.

- ¿Bella? – preguntó Kevin un tanto preocupado.

- Estoy bien, necesitaba ir al baño. Me siento mejor.

- De acuerdo, ¿te llevo a tu casa? – asentí ante la hermosa propuesta. Necesitaba mi espacio, quizás así podría pensar más claramente y Edward estaría allí.

¡Oh rayos, Edward!, pensé histéricamente. De vez en cuando se me escapaba el hecho de que mi novio era un vampiro con sus sentidos avanzados y con la capacidad de poder leer mentes ajenas. Ya sabría todo, me odiaría. Con toda la razón, después de cómo lo traté, encima pensé en darle un beso a Kevin. A pesar de que el no iba a saber lo que pensaba, no suspiré, debió de haber visto que yo no me alejé cuando me iba a besar, sino que fue Kevin quien no me besó.

El viaje fue sumamente callado, pero no incómodo, intenté depositar mi cabeza lo más cómodamente en el respaldo de el asiento para poder hacerme la dormida hasta llegar a casa. Cuando aquello ocurrió, me bajé lentamente saludando a Kevin con la mano y agradeciéndole. Fui hacia mi casa un tanto mareada aún, pero derecha a pesar de todo.

Claro que me tropecé un par de veces más, si sobria era torpe, de esta manera no podía dejar de serlo. Era una maldita amenaza.

Subí las escaleras suavemente para que Charlie no despertara, salir del cuarto para ver como había llegado y descubrirme en un estado un tanto lastimoso.

Por fin llegué a mi cama, Edward no estaba, de seguro me odiaría con toda su alma, de seguro no me querría ver más. Me estremecí tan solo con pensarlo.

Me recosté en mi cama y me dormí unos segundos más tarde.

- Buen día Bella – dijo aquella voz que yo tanto amaba, aquella voz que creí que nunca más escucharía de una forma tierna y apacible. Me levanté con un dolor de cabeza tremendo. Miré y allí estaba Edward sentado en el borde de mi cama, con un vaso de agua y una pastilla.

A pesar de que quería sonreír ante el gesto, me sentía hipócrita. Él se acercó a mi y me dió la pastilla, luego de tomarla me ofreció el agua.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó un tanto distante.

- Bien – sonrió ante mi clara mentira – Edward, yo ayer…

- Shh, no digas nada. Todo está bien. Estabas ebria y enojada.

- No Edward, no puedes ser así, no puedes soportar todo lo que haga – dije esta vez furiosa yo.

- Bella. Nada pasó

- Porque el se alejó – parecía tonta, me estaba perdonando y yo cavaba mi propia tumba, pidiéndole que se enoje conmigo.

- ¿Tu me amas? – preguntó de la nada y mis ojos se abrieron como platos.

- Mas que a nada en el mundo - respondí sin ninguna vacilación.

- Eso es lo que me importa. Estabas enojada, estabas furiosa conmigo y ebria; cualquiera hubiese reaccionado así – no entendía su comprensión, no podía entender como era así.

- ¿Tu lo hubieses hecho? – pregunté triste y desafiante. Me miró un poco preocupado.

- No – dijo mientras miraba mis ojos – pero soy un vampiro Bella, nuestro amor es diferente al que tu puedes llegar a tener. Los humanos no son tan fuertes.

- Pero yo te amo.

- Y yo también. Pero es diferente nuestro amor Bella, quiero que te olvides de lo que paso. Me tengo que ir Bella, Charlie esta por venir hacia aquí y quiero hablar con Carlisle – me besó suavemente los labios y se fue rápidamente.

En ese instante la puerta se abrió, era Charlie.

- Bells, linda fiesta la de anoche – sonrió pícaro y burlón. Refunfuñé por debajo – pensaba irme a pescar, pero ¿quieres que me quede?

- No, no. Ve tranquilo, pienso quedarme durmiendo un poco más y luego leer para la escuela.

- De acuerdo – dijo casi triste por que no le dijera que se quedase conmigo, pero sabía que sus días de pesca eran sagrados. No quería arruinárselos y quería estar con Edward el día de hoy. Cerró la puerta luego de despedirse cariñosamente. Iba a esperar a Edward y hacerle entender que yo lo amaba, que lo que habia pasado no había significado nada; luego comencé a pensar que era lo que tenía que charlar con Carlisle. Algo me sonó sospechoso.

lunes, 6 de julio de 2009

By Bella CAPITULO XVX: LA FIESTA

Estaba más tranquila de que las cosas hubiesen funcionado con Edward, tenía un nudo en la garganta aún, creía en su palabra, creía en todo lo que Edward me había dicho; pero de todos modos tenía miedo. Perder a Edward no estaba dentro de mis posibilidades, ni dentro de mi vida, jamás seguiría sin él a mi lado, no podría.
Estaba en mi monovolumen yendo hacia la fiesta de Kevin, ya era viernes, tenía un poco de temor, había prometido ir y Kevin estaba muy entusiasmado con su fiesta ahora; aunque sabía que era por mi causa, de todos modos era bueno que lo estuviera y sobre todo porque supo ayudarme en el momento que lo necesité, comportándose de una forma sumamente caballerosa. No podía fallarle.
- Bella, viniste. Que bella estás - dijo Kevin cuando estaba por entrar a la casa, me miró de arriba abajo descubriendo mi hermoso vestido café delicadeza de Alice claro, mi pelo enrulado y unos zapatos también café sin tacos, fue lo único que pude negociar con aquella duendecilla.
Sus tres pisos llamaban la antención desde fuera, no solo por eso sino por el reluciente blanco; por dentro también era blanca y limpia; me hacía acordar a la casa de los Cullen, era sorprendente lo bello y arreglado que se encontraba aquel lugar. Aunque la casa de los Cullen era insuperable, debo confesar que esta le llegaba a los talones.
- No podía fallar - dije entre una sonrisa amable.
- Entra, entra, estan todos - su entusiasmo me sorprendía.
Al entrar, en los sillones estaban todos mis compañeros de curso.
- Hola Bella - dijo Mike aún más entusiasmado que Kevin.
- Oh Bella, viniste, que bueno - dijo sinceramente Ángela. Jessica me saludó medio por encima; estaba segura que aún estaba un poco resentida conmigo, por estar con Edward, porque Mike estuviese detrás de mi y porque el chico nuevo también se fijase en mi.
Fui saludando a todos los demás, y me senté para comenzar una charla entretenida, creí que iba a ser una noche tediosa, pero había comenzado bien.
Luego de una hora de risas y cuchilleos, a pesar de que los odiaba, estaba pasándola bien, Kevin era un gran anfitrión; decidí ir por un poco de sangría.
Al mirar hacia fuera vi que Edward se encontraba en mi coche mirando hacia dentro, sabiendo que yo lo miraría. Me sentí feliz de verlo, pero un poco asfixiada; amaba verlo, amaba tenerlo a mi lado, pero aquello ya era demasiado.
- ¿A dónde vas Bella? - dijo Kevin un poco preocupado.
- Me olvidé de algo en el auto, ya vengo - dije nada convincente y salí casi corriendo de la casa. Me dirigí a mi monovolumen un tanto molesta, Edward ya no estaba en la parte de afuera, así que entré a mi auto y miré hacia el costado; allí estaba él con la cabeza gacha un tanto agitado.
- ¿Qué haces aquí Edward Cullen? - pregunté susurrando aunque sabía que nadie nos escuchaba, y si lo hacían Edward lo sabría al instante.
- Estaba preocupado por ti.
- ¿Preocupado? ¿Por qué razón deberías estarlo? No creo que un motón de humanos enfiestados a una hora de comenzar una fiesta sean un peligro - refunfuñé.
- Necesitaba verte Bella - su voz sonaba melancólica, a pesar de eso no bajé mi guardia. No estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo.
- Edward, sino tienes una razón lógica para estar aquí no entiendo.
- No hay ninguna, solo quería verte - esta vez me miró, sentía preocupación, pero nada me decía. De seguro eran sus celos sobreprotectores que me estaban comenzando a molestar.
- Bueno Edward, yo te amo, lo sabes. Pero solo vengo a una fiesta de un par de horas, y vienes a controlarme, ¿no confias en mi?
- No es eso Bella, por favor, se razonable. No puedo dejarte sola por ahi, nunca se sabe que pueda pasar.
- Mira Edward, he vivído 17 años de mi vida sin ti, y una gran parte sin nadie mas que me cuidase. Puedo hacerlo sola, me parece que soy capás de eso - mi furia no tenía límites, estaba exagerando lo sabía, pero no me gustaba que me sobreprotegieran, no estaba acostumbrada, y a pesar de que Edward lo era todo para mi. Mis enseñanzas de cuidarme sola fue lo que estalló en mi esta vez, antes que la cordura.
- Pero Bella...yo solo quiero protegerte
- Lo se Edward, pero te pasas de la raya. Mira que venir a controlarme, es todo. Me iré a la fiesta, adiós - dije furisa mientras salía de mi monovolumen rápidamente. No me sentía culpable, aunque sabía y volvía a repetirme mil veces que estaba exagerando, no podía permitir que me controlase como lo estaba haciendo.
Volví a la casa, Kevin me miró un tanto preocupado por mi furia, pero nada me dijo, de seguro vió que mi respuesta sería algo grosera así que calló y me ofreció un poco de sangría. La cual acepté con mucho gusto. Tomé el vaso y me lo bebí de un solo golpe.
Antes de sentarme me llené otro vaso con sangría; mis compañeros, quienes bromearon, todo el tiempo, mientras yo seguía tomando como nunca.
- Bella, ¿estás bien? - preguntó Kevin al verme tropezar cuando me dignaba en subir la escalera hacia el baño.
- Si siempre caigo - dije aún más torpemente que con mis pasos. Estaba demasiado pasada de alcohol, la sangría me había pegado más de lo que pensaba.
- Ven Bella, te acompaño al baño - en aquel instante comencé a reirme a carcajadas, el sonrió conmigo a carcajadas.
- ¿Por qué te ríes? - pregunté sabiendo que el estaba sobrio y sin ningúna razón para reir.
- Nos están viendo, van a pensar que estas loca; o peor, ebria - rió nuevamente. Me tomó de la cintura y me acompañó hasta el baño.
Entré y me lavé un poco el rostro, al verme en el espejo comencé a reír aún más, tenía que volver a casa. Salí y allí todavía estaba Kevin esperándome, recostado contra la pared con los brazos cruzados. Al intentar hablar y salir ilesa de la situación, tropecé y caí al suelo con un gran ruido de por medio. En ese momento deseé que algún vampiro estuviese cerca, de seguro no caeria jamás al piso.
Kevin corrió ágilmente a mi rescate, me tomó por debajo y me subió en sus brazos; me rescoté en su hombro y cerré los ojos. Todo me daba vuelta, allí volví a abrir los ojos, era más saludable para mi pobre cerebro. Me dejó en una cama sumamente cómoda.
- Bella, te traeré agua y algo para curar esas heridas- dijo amablemente.
- No, no te vayas - mi voz sonó extraña, no era la mía. Estaba casi segura de eso.
- De acuerdo, pero dejame ver si mi madre tiene algo para poder curarte - sentí como buscaba algo aunque no era capás de verlo. Luego vino y me curó algunas heridas en la mano, y la rodilla - mejor - afirmó triunfante. Me senté como pude y lo miré.
- Gracias - dije intentando sonar lo mas normal posible.
- Por nada cariño, quédate quieta.
- Estoy bien, no te preocupes. Un poco de alcohol me subió a la cabeza - rió suavemente. Luego se sentó a mi lado. Aquellos ojos eran hermosos, por algun razón extraña me sentí atraída por él, no sabía si era el alcohol, el enojo o ambas.
Corrió un poco del pelo que tenía en mi rostro, sentí como su suave y cálida piel recorría mi mejilla, aún no podía reconocer mucho, pero sabía que era agradable.
Tomó mi rostro, y se fue acercando a mi, lentamente, lo suficiente como para que lo pudiese parar sino quería que aquello pasase y estar seguro de lo que iba a pasar.
No me me moví.

By Edward CAPITULO XXIII: VISION PRIMERA

- Bella, cariño – le dije mientras sus lágrimas corrían como un manantial por sus ojos. Parecía que iba a morir, era como ver mi propia muerte hecha agua salada, era como que el mundo cayera sobre mi al verla de esa manera – no llores, todo está bien, no me iré, no lo volveré a hacer. Me fui por tu bien, ya lo sabes. Discúlpame.
- Esta bien Edward, solamente es que no tenia ni idea. Creí que ya era algo del pasado, pero veo que no. No puedo vivir sin ti, no lo vuelvas a hacer te lo pido – tome su rostro y bese su mejilla para parar una de sus lágrimas. Tome su mano y la puse en mi pecho.
- Este corazón, hace muchos años que no late, pero ahora solo lo hace por ti, ahora es tuyo al igual que mi existencia. Nunca me iré, nunca te dejaré sola – no se movió, estoy seguro que quería abalanzarse hacia mi en un abrazo, pero prefirió parar por seguridad, la mía claro, a ella no le importaba morir.
La tome de la mano y la abrace suavemente, esta vez era diferente, esta vez pensé en ella y me sentí estúpido, y mal por haber tenido aquel ataque. Se que era parte de nuestra naturaleza, pero todo lo que la amaba tenía que aplacar mi sentimiento intolerante; ella lo era todo ahora.
- Te Amo Edward – dijo entre dientes mientras su rostro se introducía en mi pecho frío como el hielo y sus manos apretaban mi espalda de marfil.
- Te Amo Bella – dije para cerrar aquel pacto invisible, pero implícito en nuestras palabras, palabras que nunca iban a ser solo eso, sino que eran puros sentimientos llenos de ansiedad uno por el otro.

- Edward, ¿te sientes mejor? – dijo Alice un poco preocupada, ella me amaba, pero sabía que su preocupación venía más por el lado de Bella que por el mío. Su amistad se había afianzado en poco tiempo y ella la sentía ya como una hermana más.
- Si Alice, estoy bien y Bella también. Hemos arreglado las cosas, ahora está en una tonta fiesta que prometió ir. Ella y sus promesas – mi voz sonaba como una catacumba siendo lanzada con un arsenal de hombres musculosos y moribundos.
- Edward, no empiezes con tus celos inútiles, sabes lo que ella te ama. No es necesario todo esto, por esto es que pasó lo que pasó, tu lo sabés – la voz de Alice cada vez se me hacía más familiar, cada vez era más parecida a la de Esme, era tierna, sutil y protectora. Aquello me hizo aplacar mis sentimientos de romper cualquier cosa que tuviese enfrente o ir a donde ella estaba y partirle la cara al tonto de Kevin.
- Lo se Alice, me tranquilizaré. Vamos a cazar – ella asintió y fuimos rápidamente hacia el bosque. Teníamos pensado tirarnos sobre un par de alces, aunque su idea de osos me llenó la boca de agua, era tan dulce y excitante, aunque prefería algo un poco más felino, en estos tiempos solo habían osos y alces por ahí.
Cuando pensaba en lanzarme hacia un oso macho lo suficientemente grande como para que mi líbido se pusiera al máximo en cuestión de casería; Alice comenzó a tener una de sus visiones.
Se estremeció, sus convulsiones eran de lo más aterradoras, incluso para mi, aquello me hizo atormentar.
- Alice. ¿Qué ves? ¿Qué pasa? – dije lo menos aterradoramente para no hacerla sentir peor, creí que mi don se había marchado por no poder ver nada, pero en ese instante todo comenzó a ser vívido en mi mente.
“El claro estaba oscuro, negro, nada se podía visualizar. Era yo quien estaba allí, de rodillas desesperado sin saber a donde ir, sin saber que hacer. Rosalie se paró detrás de mi al igual que Emmett mientras tomaban cada uno mis hombros en forma de consuelo. No podía llorar pero sentía pena, melancolía, sufrimiento…Bella”
Mis ojos se abrieron de par en par, en aquel momento su visión se tornó nada, desapareció de un momento para el otro, estaba confundido. ¿Qué había pasado con Bella, no sentía como si hubiese sido su muerte, sentía como si se hubiese ido lejos, muy lejos de mi. Tal como yo, pero para no volver, sentí que ya no me amaba. La garganta se me hizo un nudo y no pude parar de pensar, enloquecer y querer correr a sus brazos.
- Edward, tranquilo – dijo Alice entre susurros y amabilidad – todo estará bien, las cosas pueden cambiar
- Alice, no viste nada, solo mi sufrimiento. ¿Cómo sabremos lo que va a pasar?
- Tendré otra visión, siempre la tengo
- Pero sino, pero si a Bella…
- …calla Edward, nada va a pasar, no comiences. Tranquilo – me interrumpió Alice intentando que el ambiente fuese más tranquilo y sin emociones. “Como quisiera a Jasper ahora”, pensó Alice. Estaba de acuerdo. Tomé mis fuerzas y corrí todo lo que pude hacia Bella, necesitaba estar con ella, quería saber si estaba bien, el camino a lo de Kevin era largo, y aunque lo fuese, para mi era solo un cerrar y abrir de ojos.
Así que marché hacia donde ella, tenía que ver que todo estuviese bien y aquella visión no fuese tan cercana.