lunes, 22 de junio de 2009

CAPITULO V: PRIMERA PELEA

Ambos se pusieron a pelear, creía que iba a morir, no solamente estaban peleando, sino que lo hacían en mi casa y Charlie estaba por llegar. Me puse muy nerviosa y comencé a gritar, me había olvidado hasta que había visto a Jacob convertirse en un lobo, y estaba viendo a Edward peleando a la par, y hasta mucho mejor, corrí hacia la escena de nuevo para ponerme en medio de los dos, no fue una buena idea; Edward me empujó con mucha fuerza creyendo que era Jacob. Volé hacia la pared de un solo golpe, no tuve ni tiempo de gritar, caí inconciente.
Al despertar estaba en un hospital, llena de cosas en mis brazos, con dolor de cabeza y demasiado cansada, a pesar de eso comencé a moverme demasiado histérica.
- Edward, Edward – comencé a murmurar, me dolía al hablar, pero no me importaba.
- Calma cariño, Edward esta bien. Jacob también.
- ¿Qué pasó? – dije más calmada al ver a Charlie junto a mi bastante tranquilo.
- Te caíste como de costumbre cariño, caíste inconciente en la casa, Jacob estaba contigo y Edward justo iba a visitarte, y te trajeron hasta aquí.
- No me sorprende que me haya caído – dije casi murmurando, aún dolía y de seguro aquellos dos estaban bien. Todavía no había caído en mi de nada de lo que había pasado, Jacob claramente era un hombre lobo o algo así, pero ¿Edward?, de donde sacó tanta fuerza, ¿qué era lo que no sabía?
- ¿Necesitas algo Bells? – me interrumpió Charlie; negué con la cabeza.
- De acuerdo, iré a llamar a tu madre que debe de estar muy preocupada – quise matarlo, mi madre iba a estar como loca, sino era que ya estaba en camino para Forks. Charlie se fue y al mismo tiempo entró Jacob. Me miró vergonzoso, mientras yo lo miraba con cara de saber toda la verdad.
- ¿Cómo te sientes?
- ¿Qué diablos fue todo eso Jacob? – dije obviando su pregunta.
- Intenté advertirte Bells, disculpa, no quería que vivieses eso. – en ese momento entró Edward rápidamente y se puso a mi lado, otra vez se miraron como en mi casa. Yo me moví ágilmente, para descubrir que mi dolor era aún mas fuerte de lo que creía.
- Aw – lloriqueé. Ambos me miraron sumamente preocupados - ¿no van a pelear aquí también no es así? ¿Jacob puedes dejarme un momento con Edward, por favor? – pregunté amablemente aunque era una pregunta totalmente retórica, era o irse o irse, me miró con receleo y a Edward también para retroceder e irse.
Miré a Edward ansiosa y confusa.
- ¿Qué eres?
- No entiendo – me respondió usando su mejor cara de verdad, pero no era tonta, conmigo aquello no iba a servir ni un poco.
- No me subestimes Edward, quiero saber que paso, quien eres y que eres. Tengo derecho a saberlo.
- ¿Derecho? No lo tienes – dijo furiosos pero no reparé en ello, sabía que era para escaparse.
- Edward, por favor – cuando quise levantarme, volvió a dolerme todo, aunque quise evitar mi “sufrimiento” no tuve más remedio que poner una mueca de dolor.
- Descansa Bella, hablaremos después.
- No… - se fue antes de que pudiese decir algo más. Cavilé toda la noche sobre que era lo que había pasado, mi madre como estaba segura, llegó una hora después y se quedó conmigo toda la noche. No podía entender absolutamente nada, de seguro me estaban jugando una broma, eso era imposible. Trágicamente imposible, estaba segura que algo de malo o extraño había en Edward, y no iba a dejarlo pasar.

CAPITULO IV: SEUDOVERDAD

Me miró y sonrió pícaramente, luego se alejó de mi nuevamente; quería desmayarme en ese momento, pero solo subí al coche luego de que me abriera la puerta, él no dejaba de observarme ni un solo minuto. El viaje fué silencioso mientras pensaba en lo que me había dicho.
El día de hoy solo teníamos Sociales juntos, para mi mala suerte teníamos prueba, así que solo tenía que concentrarme en responder las preguntas, aunque fue demasiado difícil hacerlo estando Edward a mi lado, al terminar la prueba pude contestar casi mágicamente todas las preguntas y suspiré.
Era la última clase, volvió a insister en llevarme al claro cuando descubrí para mi buena suerte que el profesor de gimancia iba a faltar por razones personales; así que marchamos nuevamente a aquel lugar mágico.
Mientras intentaba sacarle alguna historia y alguna respuesta sobre su vida, lo cual no era nada fácil, una reacción llamó mi atención. Se levantó de golpe, mientras mi corazón estaba a mil y mi cuerpo hiperventilando gracias a su nuevo acercamiento a mi persona. Me quedé inmóvil de lo rápido que se movió, no tuve tiempo ni de levantarme cuando teníamos a un chico de piel parda, ojos café y altamente musculoso enfrente de nosotros. Mis ojos se quedaron clavados en él mientras, ellos dos se miraban atentos y receloso, reconocí a aquel chico, era el hijo de Billy el amigo de Charlie, que habían ido a ver el fútbol en la pantalla plana de casa y a saludarme cuando a penas había llegado. Jacob Black.
Me levanté despacio, mientras Edward me tomaba de la cintura sin voltear defendiéndome.
- Edward. Todo esta bien, yo lo conozco es un amigo –dije tranquilamente, mientras me levantaba para caminar hacia Jacob, Edward me tomó fuerte, para luego soltarme sin ganas. Ellos no se dejaban de mirar con odio, había algo que me estaba perdiendo.
- ¿Qué haces aquí Jacob? – pregunté mientras caminaba hacia él.
- Tu padre me dijo que te viniera a buscar, no sabía en donde estabas.
- ¿Cómo? Pero si es hora de escuela todavía. - aseguré un poco confusa.
- Bella, hace dos horas que tendrías que haber estado en casa. El te llamo, como no te encontró me pidió que te buscara, recorrí bastante y me imaginé que quizás estuvieses por aquí, se como te gusta estar sola y este es un buen lugar – no podía creer, el tiempo volaba cuando estaba con Edward, me sentía tan extraña al darme cuenta de aquello. Miré hacia tras para decirle que tenía que irme, pero Edward ya no estaba, me quedé en shock, no quería ni pensar. Caminé hacia mi mochila, la tomé y me fui con Jacob.
Fuimos en el auto de Jacob hacia la escuela a recoger el mío, en el viaje me mantuve bastante callada, aunque era demasiado imposible hacerlo con aquel niño pardo de sonrisa contagiosa.
Al llegar hacia la escuela, le agradecí y me fui a casa en mi monovolumen. Llamé a Charlie para decirle que todo estaba bien, cociné algo y dejé preparada la cena para él también. Subí a mi cuarto a dejar mis cosas, cuando tocaron a la puerta, bajé llena de ansiedad creyendo que era Edward, todos en la ciudad sabían donde vivía, sobre todo cuando eres hija del Jefe Swan y de una mujer caprichosa que se fue corriendo de allí.
Bajé las escaleras rápidamente, al llegar di un respiro y abrí, era Jacob.
- Hola Bella – dijo sonriente y despreocupado.
- Jacob, ¿qué haces aquí? ¿te has olvidado de algo? – pregunté desconfiada.
- No, quería saber como habías llegado.
- Muy bien gracias, sin problemas como siempre"hubieses llamado", pensé. Él se quedó allí viéndome con cara un poco vergonzosa esta vez, sin darme cuenta de que pasaba, luego reaccioné, no lo había ni siquiera invitado a pasar.
- Oh, pasa Jacob, disculpa, no me di cuenta - abrí más la puerta para que pasase y entró como si nada.
- No, esta bien. Disculpa, necesitaba hablar contigo, por eso vine hasta aquí. Claro que me preocupaba como habías llegado, pero confieso que algo detrás hay – rió insolente y yo sonrojé. Entramos y nos sentamos en el sillón, lo invité con algo pero nada quiso, se sentó un poco nervioso, estaba ansiosa y un poco pesarosa también de saber que era lo que aquel chico quería. Lo miré torpemente para que largase algo.
- Bella, le comenté a Billy que te vi con Edward y me dijo que vendría a hablar contigo mañana a primera hora – lo miré sorprendida ¿de qué me estaba hablando? – quiere que sepas un par de cosas, me gustaría contártelas, pero no se si soy el indicado para decirlo bien sin que escapes o corras
- ¿De que hablas Jacob? Nadie les pidió que se metieran en mi vida me parece.
- Pero Bella, realmente es importante lo que tiene para decirte, quizás deba decirtelo yo ahora, aunque no creo tener más tacto que mi padre, de todas formas no creo poder aguantarme.
- No me interesa realmente que tengan para decirme, nadie se mete en mi vida, no lo hacen mis padres, no lo van a hacer desconocidos – dije muy furiosa, tanto que si lo estuviese menos me hubiese arrepentido, pero seguía gritando y balbuceando, detestaba eso, yo no me metía en la vida de nadie, ¿por qué tenían que hacerlo en la mientras gritaba y enfurecía cada vez más por su impertinecia, Jacob intentaba calmarme y calmarse al mismo tiempo.
- Bella, por favor. Calla – en ese momento, Jacob comenzó a comportarse extrañamente, se movió de una manera aterradora.
No podía creer lo que estaba viendo, era peludo, enorme, su cabello castaño entre oscuro y claro en partes, con sus ojos llenos de ira me miraban, a pesar de eso no me moví ni un solo paso. Era un maldito lobo.
En aquel instante alguien me tomó de un brazo y me empujó hacia fuera, sentí un grito tenebroso. Cuando miré, Edward estaba allí haciendole frente a aquel enorme lobo.
-Edward NO, te vas a matar – dije llena de melanconlía.


CAPITULO III: VARIACIONES

- ¿Qué te pasa a ti? Creí que habíamos arreglado las cosas – dijo amablemente y un poco confundido; me puse nerviosa, cosa que estaba siendo costumbre desde que lo conocí, eso me molestaba, pero a la ves me gustaba.
- Me duele un poco la cabeza eso es todo, no es por ti - intenté mentirle de la forma más correcta que pude, claro que no engañaba a nadie.
- Vamos Bella, no soy tonto. De verdad me disculpo contigo por lo que pasó, disculpa también a mis hermanos, no son buenos en disimular – volvió a brillar su sonrisa celestial, me volví a tranquilizar, ¿Qué tenia ese chico que hacia que yo bajase la guardia tan rápidamente?
- Todo esta bien de veras. - insistí.
- ¿Te vas a escapar de clase? – preguntó sonriente casi sin prestar atención en lo que le había dicho, parecía lleno de ganas de descubrir lo que quería hacer.
- Algo así – respondí
-¿Te puedo acompañar? Conozco un lugar sumamente bello y perfecto para pasar el tiempo – mi mente decía “di que no”, pero mis ganas pudieron más y asentí.
- ¿Podemos ir en mi auto?
- ¿Qué tiene el mío? – pregunté enfadada, esta bien que fuera algo viejo pero no renegaba de el, ya estaba empezando a amar a esta vieja manzana roja gigante.
- Nada, solamente me gusta manejar a mi, ¿por favor? Te traeré luego para que la recojas – me miró con cara de perrito faldero y asentí una vez más, poniéndome casi a sus pies. Era inevitable por más que lo odiase. Subimos al Volvo, antes de sentarse en su lugar, abrió mi puerta ágilmente, me quedé pasmada.
Demasiado caballeroso para ser verdad, aunque no me gustase que hicieran las cosas que podía hacer yo solita, esto no era un símbolo de machismo, era realmente un caballero, creí que ya no existían. Reí hacia adentro imaginándomelo a el en la época antigua vestido acorde a la época.
Paró a un costado de la carretera, y me llevó hacia un claro, hermosísimo por cierto, paramos en una hermosa cascada.
- ¿Te gusta? - preguntó casi suplicando por saber.
- Es hermoso, no lo conocía – chipoteó un poco de su sonrisa en mi, para dejarme otra vez como un tomate.
- Ven – dijo mientras estiraba su mano para que la tomase, no vacilé y la tomé, era fría, tan fría como el hielo, me crispó la piel y se me hizo de gallina. A pesar de eso no reaccioné, era más hermoso de lo que jamás pudiese soñar. Sentí una fuerza extraña proveniente de él, como si luchara consigo mismo entre soltarme la mano o no soltarmela, a pesar de eso se apretó a mi.
Me llevó hacia una roca muy grande que se encontraba en un rincón, cuando ví que pretendía que nos sentemos allí cinché suavemente hacia atrás, el no me soltó y me miró sorprendido.
- ¿Qué pasa?
- No puedo estar en este tipo de lugares, soy muy buena en caer. Suelo caerme al piso, pero no a precipicios – sonrió chistoso.
- No te preocupes, si te tiras me tiraré a salvarte, eso te lo aseguro – me asustó un poco, parecía decirlo verdaderamente, de todas maneras me volvió a llevar hacia allí y nos sentamos. Conversamos sobre como estaba el día, el clima y todas cosas totalmente sin sentido, yo no podía estar más nerviosa y él no podía estar más confiado.
- ¿Quiero saber por qué te fuiste así el primer día de clase?- pregunté cuando me armé con un poco de valor.
-¿No lo habíamos olvidado? - preguntó un poco enojado.
- No, yo te disculpé, no lo olvidé. - intenté sonar dura, aunque un tono de vacilación se desprendió en mi.
- Nada en particular. - dijo aún furioso.
- Dimelo, tengo derecho a saberlo.
- No de verdad, tengo que irme – abrí los ojos como platos y lo miré – vamos
- Yo no voy a ningún lado contigo, no así, ¿qué te piensas, qué puedes traerme de aquí para alla cuando se te de la gana? – me miró lleno de ira.
- Te vas conmigo, yo te traje, prometí llevarte y así va a hacer.
- NO, ni sueñes – se levantó de un golpe y me tomó por debajo, me subió como si fuese una bolsa de papas, sin ningún tipo de problemas. Comencé a patalear y pedirle, exigirle que me dejara en el suelo otra vez, pero no me escuchó; no dejé de hacerlo hasta que me metió en el auto, quise escaparme un par de veces, pero era imposible, era tremendamente fuerte, me puso el cinturón y cerró la puerta.
No me dio tiempo ni en pensar en escaparme cuando diese la vuelta al auto, cuando ya estaba en el lado del conductor, me magnifiqué ante eso y me quedé helada.
Arrancó el auto y fijó su mirada hacia la carretera, mientras yo la fijaba hacia mi ventana, aún maravillada y enfurecida a la vez.
Al llegar a la escuela me bajé rápidamente, y fui hacia mi monovolumen torpemente como de costumbre, entre dos o tres veces tropecé con el frío y tonto piso. Arranqué de un golpe y me fui hacia mi casa, al llegar Charlie no estaba como siempre, subí hacia mi cuarto furiosa, me pegué un baño y bajé a hacer la cena para Charlie, no estaba con apetito.
Al terminar dejé todo pronto y fui a acostarme, necesitaba hacerlo temprano, no pensaba volver a hablarle a esa bestia casi caballerosa que me estaba volviendo loca.

Corría y volteaba, me caía y volvía a correr, Edward estaba detrás de mi siguiéndome, no entendía porque no paraba, pero mi instinto me decía que debía correr, al darme vuelta hacia delante nuevamente me choqué contra una gran pared y caí desmayada. Sentí los grandes brazos de Edward debajo de mi, me tomó y me llevó hacia una cama, me miró a los ojos mientras me decía Te Amo para luego besarme; fué el beso más dulce que jamás pude haber imaginado…

Estaba sumamente desconcertada, ¿por qué había soñado aquello?, mientras intentaba entender mi sueño, sentí una bocina de un auto conocido, al ver por la ventana era Edward, parado contra la puerta con los brazos cruzados y una hermosa sonrisa, estaba esperándome.
Me vestí rápidamente con un vaquero, una remera y una campera, mis champeones más cómodos; me puse mi vincha y corrí hacia la puerta, paré antes de abrir y salí tranquilamente.
Lo miré confundida y aún algo furiosa, aunque era más lo que disimulaba que lo que sentía en realidad, su hermosura hizo que me olvidara de todo.
- Buen día dulce Bella – dijo con una sonrisa tonta.
- Eres un maldito desvergonzado ¿sabes? – sin quitar la sonrisa de su rostro me miró e hizo una mueca que me molestó.
- Estas cosas me pasan solo contigo, estoy perdidamente confundido, estoy tan, pero tan encadenado a ti, me es imposible dejar de verte o enojarme mucho tiempo contigo, me has atrapado Bella y eso es peligroso – lo miré confundida mientras se acercaba lentamente a mi…

CAPITULO II: MAGICO

- ¿Qué pasa contigo? – le pregunté llena de ira, él me miró perplejo, de seguro no se lo esperaba, yo estaba triunfante ante mi nueva adquisición de valor.
- ¿De qué hablas? - su voz era avasallante pero perfectamente hermosa, por un momento me hizo desplomar, pero volví a mi.
- La semana pasada, por que te comportaste tan grosero conmigo, ¿qué es lo que te pasa? ¿Acaso te hice algo? – esbozó una sonrisa impertinente, me sentí colorada, llena de furia, tenía ganas de propinarle un puñetazo que lo hiciera enfurecer.
- ¿De que te ríes? – insistí.
- Eres adorable – lo miré sorprendida, la furia se me fué, seguía colorada pero sabía que no se trataba de mi enfado.
- Idiota – dije y me dirigí hacia el salón de Ciencias Sociales, cuando me senté en mi silla, recordé vergonzosa que tenía aquella clase con aquel chico sin nombre aún para mi, pero que me había echo enojar, sonrojar, híperventilar, todo de una vez.
Comencé a ponerme nerviosa, no quería que viniese, aunque sabía que lo haría, al tocar el timbre entró por la puerta aún sonriente, volví a enfurecerme pero me quedé en mi pupitre inmóvil, no pensaba mirarlo. Sentí como se corría la silla a mi lado y se sentaba, pude sentir sus ojos en mi, pero no volteé.
- ¿Asi que idiota eh? – dijo chistoso, escuché como largaba una pequeña risita quisquillosa aún impertinente. No quería enfurecerme más, no le presté atención, para mi suerte el profesor entró al salón, y comenzó a hablar, no se le daba muy bien lo de preguntas y respuestas, le gustaba más el monólogo.
- Disculpa – oí con una voz sincera y llena de contenido que salía del desvergonzado chico aquel sentado a mi lado. Esta vez lo miré, después de todo me estaba pidiendo una disculpa –no soy muy bueno en el arte de conocer personas, no me codeo mucho con nadie más que no sea mi familia – asentí seudo interesada para él, aunque por dentro tenía ganas de escucharlo todo el día, ese sentimiento me apoderó y mi enfado desapareció.
- Descuida, disculpa por llamarte idiota – dije cada vez más sonrojada.
- Me lo merecía – rió burlón, aquella sonrisa era lo más maravilloso que había visto en mi vida, impartía luz al gris y triste día.
- No lo niego – incurrí. Volvió a sonreír mientras yo miraba sin prestar atención al pequeño profesor.
- Por cierto, soy Edward Cullen.
- Bella Swan – pareció un replique. No lo miré ni por un segundo, pero aún sentía sus ojos clavados en mi pobre y bordó rostro.
- ¿Tienes calor? – preguntó precupado, quería que me tragase la tierra, ¿cómo decirle? "No tengo frio, es que tu me pones así de roja".
- No – me sinceré. Solo escuché una risita, de seguro había entendido de que se trataba. El resto de la clase se dio en silencio, el profesor nos había mirado un par de veces enojado, y nos dijo una vez que nos callasemos, me sentí morir de la vergüenza, creí que moriria por culpa de aquello. Claro que luego de esa llamada de atención todos nos miraron recelosos y chismosos.
Al salir me dirigí rápidamente hacia la puerta, donde Edward me siguió ágilmente para hablar conmigo, pero Mike el chico que había conocido en mi clase de Trigonometría la semana pasada, -él cual estaba más emocionado con mi presencia de lo que yo pudiese soporta -, se me paró enfrente saludándome lleno de ansiedad queriéndome llevar hacia algún lugar que yo aún no recordaba, Edward paró de pronto al darse cuenta de aquello y siguió su camino, pude notar que estaba… ¿enojado?
Mike me llevó hacia el comedor, después de todo no tenía ninguna clase aún; allí estaban todos con los que había congeniado casi a la fuerza, Jessica, Ángela, Eric, Mike y Taylor.
Edward estaba sentado con sus hermanos, aquellos que estuvieron a lo largo de toda la semana en la que el faltó a clases, mirándome recelosos, no entendía porque, volví a enfurecerme al recordarlo, pero ya le había aceptado las disculpas no podía volver con el mismo enojo.
Jessica me advirtió que eran extraños, que eran hijos adoptivos de un tal Carlise Cullen y Esme Cullen, aquellos eran cuatro extraordinarias obras de arte, entre la rubia perfecta y hermosa Rosalie Hale, su hermano gemelo Jasper Hale que era tremendamente hermoso como ella y los otros dos hermanos Cullen, Emmet de ocho millones de musculos y una pequeña duendecilla Alice. Me sentía poca cosa, eran demasiado hermosos.
Edward me miraba fijo al igual que lo hacía en la clase, yo tampoco podía parar de mirarlo y bajar la cabeza en cada ocasión, hasta que me cansé, juré que me sentía mal y me fui hacia mi monovolumen, no me gustaba faltar a clase pero no podía aguantar aquella situación, en la clase de Biología también compartíamos asiento, aunque todavía no habíamos tenido aquello oportunidad; Mike me había advertido que el único lugar libre del salón era junto a Edward al igual que en Sociales, así que decidí fugarme por esta vez mientras pensara en que me hacía comportarme y comportarse de esa manera.
Subí a mi auto, era tan calentito que eso me hizo sentir mucho mejor. Cuando prendí la radio para tranquilizarme con mi disco de Debussy sentí un sutil golpeteo en la ventana, al levantar la vista vi al culpable de mi uída con rostro preocupado y lleno de melancolía. Bajé la ventanilla temiendole al frío que entraría al auto, pero aquella mirada pudo más que cualquier otra cosa en el mundo, eso me asustaba hasta cierto punto.
- ¿Qué pasa?–pregunté casi suplicante y preocupada.

domingo, 21 de junio de 2009

CAPITULO I: PRIMERA VISTA

Hoy era mi primer día de clase desde que llegué a Forks, me aterraba conocer gente, nunca fue de mis prioridades de vida y esta no era la excepción.
El lugar era demasiado frío para que realmente me gustase vivir aquí, de todos modos pensaba en mamá y en lo feliz que Charlie era desde que llegué, eso me hacia tomar fuerzas y seguir.
El monovolumen que Charlie me había regalado por mi llegada, hacía mas ruido que cualquier otra cosa en el mundo, tenía miedo de quedar varada en el medio de la carretera, pero este hermoso trasto llegó sin problemas a la escuela, aunque me dejó un poco sorda al principio, me acostumbre al bochinche.
Como me lo imaginé fuí el centro de miradas, no solo por aquel animal antiguo y su ruido, sino porque era la nueva del lugar; me sonrojé hasta las médulas y caminé rápido hacia donde tendría mi primera clase.
- Isabella - dijo alguien con voz fina, no voltee quería hacerme la tonta para que siguiera de largo, no estaba preparada para mantener una charla con nadie, pero aquel insistió dos veces más y tuve que volverme.
- Hola - dije tímidamente.
- Soy Eric un gusto, ¿eres nueva? - apreté los labios asintiendo, y riendo por dentro, no habían mas de 450 alumnos, claro que era la nueva.
Dije rápidamente que me tenía que ir a mi primera clase, por suerte él no estaba conmigo, así que seguí yo sola.
La clase fue un tedio, todo el mundo me observaba, sentía sus miradas en mi nuca, los que estaban delante de mi se las ingeniaban para voltear con alguna excusa, los más aventureros volteaban sin vergüenza lanzándome una sonrisa la cual yo no devolvía por timidez; otros me miraban sospechosos, intenté mantener mi cabeza baja.
De todos modos me hice dos "amigas", Jessica y Ángela ambas estaban conmigo en clase de Literatura; en el almuerzo dí una excusa tonta de la cual ni me acuerdo para poder escapar, era demasiado para mi en una sola mañana y ni siquiera habían pasado dos clases. Me fuí hacia mi monovolumen y tomé de mi mochila un taper con comida, me conocía, sabía que iba a hacer esto así que me guarde provisiones. Prendí la radio y puse un cassette de Nirvana, estaba sumamente calma y feliz de mi tranquilidad.
En un momento levanté la mirada y la comida se me calló literalmente de la boca, parecía una tonta; estaba viendo algo que ni en sueños podría haber imaginado; tenía ojos caramelo, con un matiz de dorado, su cuerpo altamente hermoso, alto y bien puesto; tenía una simple remera azul, unos vaqueros negros y unas zapatillas, su pelo cobrizo era tremendamente desprolijo, tanto que me hizo sentir mariposas; al mejor estilo James Dean pero inexplicablemente más hermoso y delirante.
Tenía la ventanilla alta aunque se podía ver perfectamente hacia dentro y hacia fuera, lo quedé observando perpleja sin perderme nada de aquel maravilloso paisaje; pero aquel alucinante chico seguía en su camino como si no pudiese perder el tiempo en mirar hacia los costados, lo notaba un poco melancólico, me dieron unas imperiosas ganas de saber que le pasaba y ayudarlo.
Abrí la puerta sin pensarlo y salí hacia el exterior, gris y húmedo exterior, cerré la puerta con vehemencia para que pudiese oir, resultó, dió la vuelta suavemente para encontrarse conmigo y con mi mirada, ¿Qué estaba haciendo?, no pude hacer más que sonrojarme y volver casi corriendo a mi monovolumen otra vez.
- Estúpida – me dije a mi misma, intenté que me viese pero cuando lo hizo corrí, claro que quedé como una tonta, cosa de la que estaba sumamente acostumbrada.
Volví a mirar hacia fuera creyendo que aquel había seguido su camino burlándose de mi, pero para mi sorpresa seguía allí parado mirándome fijamente como si intentara descubrir algo, tragué saliva llena de nerviosismo sin poder sacar mis ojos de los suyos, hasta que fue demasiado fuerte y miré hacia la radio intentando que creyera que nada había pasado.
Al mirar nuevamente él ya no estaba allí, lo comencé a buscar con la mirada, pero no pude visualizarlo, suspiré un poco satisfecha pero otro tanto nostálgica, tenía ganas de volver a verlo, ¿amor a primera vista? ¿qué me había pasado con aquel chico? Me limité a bajar de mi camioneta e ir a la próxima clase, la de Ciencias Sociales, al entrar quería morir, para mi trágica sorpresa aquel chico estaba en mi clase y para mi vergüenza su lado era el único libre de todo el salón, me dirigí hacia él sintiéndome nerviosa y extrañada, él se había puesto más nervioso aún, paré una milésima de segundo para descubrir que no era un poco de nervios sino que estaba echo un manojo de nervios; tragué saliva y me dirigí a mi asiento, lo miré de reojo cuando mientras que él no me apartaba la vista.
Quise preguntarle por que me miraba de esa manera, pero nada salió, me quedé allí toda la hora contigua esperando que él chico hablase conmigo, nada sucedió, comencé a ponerme más y más nerviosa, el chico temblaba aún más y no podía sacar sus ojos de mi.
Veinte minutos antes de que la clase terminase se levantó de golpe y se fué, quedé perpleja y llena de curiosidad. Durante el resto del día no supe nada más de él, tampoco lo hice durante una semana; cuando volvió me dirigí hacia él muy enfadada.